A los pies de un niño de 16 años
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El futuro crack del fútbol español tiene chófer para ir a Lezama. Un día le toca llevarle a Amorebieta y otro a Javi Martínez. Ahora que sus padres dejan Pamplona para vivir con él, habrá más turnos. Su altura apenas le da para mirar por la ventanilla, pero cuando se mete en la hierba, tiene la vista puesta en cada zona del campo. También en lo que pasa a su nuca. Iker Muniain anticipó su regalo de cumpleaños (hará 17 el sábado ante Osasuna), con dos acciones de estrella en el pase. Apenas cien segundos después de entrar en el campo, hizo una jugada de Play Station y habilitó a su amigo San José para que mandase un cabezazo a la escuadra y luego, cuando el Zaragoza de Marcelino se desangraba, montó una contra con un sutil toque que mandó a la red Susaeta, otro que anda como un tiro.
Hay que reconocer a Caparrós que no ha destapado prematuramente a un Muniain al que se guardaba como un tesoro en la cantera. Ya marca las diferencias jornada a jornada. A ver cuáles son sus planes con el más niño Ramalho, que ayer se quedó sufriendo en la grada, viendo cómo en Primera, por muerto que esté el rival, hay que tragar saliva, meter la pierna y arañar segundos al cronómetro. El Athletic, que ya se ha cargado a dos de los tres técnicos que han caído en esta campaña (Muñiz y Marcelino), entendió perfectamente en La Romareda que el tiempo jugaba a su favor. Se limitó a esperar sin cometer errores atrás y acertó. Sólo se vio inquietado por la alucinante cascada de tarjetas que le recetó Velasco Carballo.




