Cazadores de talento
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La cantera del motociclismo español parece inagotable. De cuando en cuando, pero con bastante frecuencia, van apareciendo nuevas figuras que garantizan el relevo generacional a medio y largo plazo. Chavales con quince años, algunos con menos, que buscan un futuro en el mundo de la competición de la mano de mecenas que apuestan por su calidad. Son cazadores de talento, ojeadores al más puro estilo de otros deportes que persiguen materia prima sobre la que poder cimentar un proyecto. Muchos de ellos han sido pilotos o tienen una larga experiencia en la gestión de escuderías, porque sólo así es posible adivinar a tanta distancia el potencial de un niño con vocación de campeón.
Pero a diferencia de otras disciplinas, el mérito de estos ojeadores es doble. Porque no basta con ser capaz de identificar esas cualidades, después hay que encontrar los medios para explotarlas. Aquí no sirve sólo, lo sabemos todos bien, con unas zapatillas, un balón, una raqueta o incluso una bicicleta... Sacar adelante a uno de estos chicos cuesta muchísimo dinero, incluso cuando se trata de darle los medios necesarios en las categorías inferiores. Inversiones que nadie garantiza ni avala, porque esas son palabras tabú en el mundo de las carreras. Y les puedo asegurar que por cada uno que llega, cientos se quedan por el camino... Así que debemos felicitarnos de que existan profesionales dispuestos a invertir, con tanto riesgo, en el deporte que aman. Porque sin ellos, esa batidora de valores dejaría de funcionar.




