Yo digo Juan Mora

El antes y después de Pekín

Juan Mora
Importado de Hercules
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Me envía Alfonso Noaín, coordinador del Aula de Sports Management, unas reflexiones que quisiera compartir con ustedes por considerarlas más que acertadas. Habla de que los Juegos de Pekín 08 marcan un antes y un después en el olimpismo. Y no le falta razón. Los hechos se la están dando. En Pekín se vieron unas instalaciones tan fastuosas que parecen irrepetibles con o sin crisis. Y, como la hay, Londres está abocada a organizar unos Juegos cuya señal de identidad sea la funcionalidad. El estadio olímpico, por ejemplo, tendrá dos partes: una fija de 25.000 espectadores y otra movible de 80.000, que será retirada acabados los Juegos; el pabellón de baloncesto será igualmente desmontado para destinar el terreno a otros usos más comerciales.

Dice Noaín que el Nido de Pekín, con capacidad para 90.000 personas y un coste de 333 millones de euros, no saben qué hacer con él cuando su mantenimiento cuesta, además, diez millones al año. Y con el Cubo Mágico, otro buque insignia en las instalaciones de Pekín, sucede lo mismo. "Una excesiva ostentación en el legado más simbólico de los Juegos es un lenguaje del pasado", afirma Noaín. Y así es. Él mismo pudo comprobar este verano cómo el proyecto original de los Juegos de Londres, que incluía la regeneración del barrio de Stratford, ha sufrido grandes modificaciones. Y también no hay más que ver la decisión del COI el pasado mes de octubre: las instalaciones más modestas presentadas eran las de Río y ganó. Pekín quedó para la historia.

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