El triunfo de la negación del ego

La Selección de Copa Davis es la del triunfo del buen rollo, de la negación de los egos de personas que bien podrían ponerlos por delante del colectivo. Igual circunstancia que se dio en el grupo que Luis Aragonés llevó a la cima de Europa y ahora gestiona con acierto Del Bosque, con líderes como Xavi, Iniesta, Villa o Casillas que parecen no serlo. Exactamente igual que en el baloncesto, donde alrededor de un Pau Gasol de dimensiones planetarias, que bien podría pasar ya de la Selección, se ha conseguido una pila de medallas. Ni un dedo maltrecho impidió que estuviera en Polonia.
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En el tenis, el aglutinador es Rafa Nadal. Tiene 23 años y ya acumula cuatro Roland Garros, un Abierto de Australia, un Wimbledon, un oro olímpico, ha sido (y volverá a ser) número uno y ha ganado tres Davis (en la de 2008 no participó en la final). Pero no ejerce de tirano, ni impone caprichos. Da aliento y, de vez en cuando (léase polémica de Madrid) llama al orden. Sólo ha faltado a la cita con España por lesiones. No como Federer, que antepone su carrera en el circuito al compromiso con sus colegas.
Rafa ha ejercido como ejemplo. A las semifinales de Torre Pacheco acudió a animar, como Verdasco. Desde que se recuperó tras el US Open siempre dijo que su objetivo era "estar al cien por cien para la final". No para Shanghai. Ni para el Masters. Él ha recogido el testigo de Ferrero, otro que siempre ha dado un paso al frente, y ha contagiado ambición y compromiso a un grupo de tenistas excelentes como Verdasco, Feliciano, Robredo o Ferrer. Muy buenos, pero a los que él ha enchufado a la Davis.



