El futuro se llama Márquez
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Reconozco que me muestro un tanto escéptico con esto de los pilotos jóvenes. Todos prometen mucho pero finalmente son sólo algunos los que cuajan. Por eso estoy habituado a que me cuenten maravillas de cada uno de ellos, aunque yo sea ya consciente de que no es oro todo lo que reluce. Tuve esa prudencia incluso cuando fue Emilio Alzamora quien me empezó a hablar de Marc Márquez. Pensaba, pese a que me lo decía todo un campeón del mundo, que las virtudes de un chaval de doce o trece años (no recuerdo cuántos tenía entonces) podían ser más pasión 'de padre' que otra cosa. Y cuando conocí personalmente al chaval, pues tuve hasta más dudas. ¡Si era un niño! ¿Quién podía aventurarse a decir hasta dónde llegaría aquella criatura? Debía estar jugando con los Playmobil antes que a las carreras de motos...
Pero el tiempo, de forma inexorable, pasa y Marc ascendió del Campeonato de España a los grandes premios. Y entonces me di cuenta de que Alzamora, su mentor, no andaba muy desencaminado. Con un desparpajo impropio de un debutante, dio muestras de enorme calidad, de ese talento que sólo atesoran unos cuantos. Me preocupaba lo mucho que se caía, porque eso puede querer decir que es tan valiente que va por encima de su límite real. Mal asunto a largo plazo. Sin embargo, algunos como Mela Chércoles me explicaban que iba tan 'colgado' porque su moto era un botijo con ruedas. Y parece que sí que es así. Ahora, cuatro años después de conocer a Marc, tengo muy claro que el suyo es el nombre del futuro. Tanto como que, si la cosa no se tuerce, muy pronto será todo un campeón del mundo. Les ahorro esa fase de dudas, confíen en mí...




