Y aun así acabé en la calle
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Lo que me ocurrió en el Madrid en la temporada 91-92 es una de esas cosas incomprensibles que pasan en el mundo. El equipo empezó tan bien como muestran los números... y acabé siendo destituido aun yendo líderes a mitad de Liga. Formamos un equipo fuerte. Soy de los que adaptan el sistema a los jugadores que tengo y gran parte de la clave de aquel éxito estaba en Milla. Era un sacrificado. Se oscurecía para que brillaran los demás. Un tío táctico que quiere cualquier entrenador. Esa temporada Hierro metió 34 goles entre todas las competiciones. Él me decía después de mucho tiempo: "Con 22 o 23 años era muy fácil subir a marcar goles. Sobre todo teniendo atrás a Milla para cubrirte".
También es importante entender a los grandes jugadores. Por ejemplo a Hagi, que había tenido problemas con Toshack antes de que yo llegara al cargo porque le querían poner en la izquierda. Se sentía encorsetado. Yo le di libertad. Poco después se inventó aquel golazo ante Osasuna desde el centro del campo. Más allá de los números he de decir que aquel Madrid mío dejaba una buena sensación de grupo. Y eso es lo que ahora le falta al Madrid. Es la mentira del fútbol. Vi el Athletic-Barça y el Madrid-Racing y parecían dos mundos diferentes. No veo hacia dónde quiere orientar el Madrid su juego. Le faltan mecanismos. Se sigue ganando sin autoridad en el juego, producto de jugadas aisladas, de rechaces. Es entonces cuando dependes de la mentira. Por eso, tanto en mi caso como en el Madrid de ahora, a veces los números mienten.



