La cara más solidaria del deporte
Desde hace más de tres lustros, el Supercross de Madrid se ha convertido en una cita ineludible para todos los buenos aficionados al motociclismo. Un escenario de excepción, el Palacio de los Deportes de la Comunidad, y los mejores pilotos del panorama nacional e internacional de la especialidad (con el madrileño Barragán, coreado por los espectadores, entre ellos) son los ingredientes básicos para una velada cargada de alicientes para los amantes de la disciplina.
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Ver volar sobre nuestras cabezas a estas grandes estrellas del supercross ya es de por sí un aliciente de mucho peso. Este año, por ejemplo, el recorrido era más veloz y técnico que en anteriores ediciones. De ahí la expectación que suele generar temporada tras temporada. Pero en esta ocasión, además, la faceta solidaria de la prueba me ha parecido digna de todo elogio y reconocimiento. Gracias a la aportación de la Comunidad de Madrid y de la Fundación Repsol, algo más de cinco euros de cada aficionado que estuvo ayer en el pabellón fue a parar a una causa solidaria: la compra de vehículos específicos para lesionados medulares (una lacra entre los motoristas) o proyectos de ayuda en África.
Puede parecer que estas son iniciativas o gestos sin gran trascendencia, pero les aseguro que no es así. La más mínima aportación a tales iniciativas puede servir para cambiar, siempre a mejor, la vida de muchas personas que de verdad lo necesitan. Y esto es algo que trasciende a la competición, al espectáculo y a la diversión de masas. Es la cara más solidaria del deporte a la que todos podemos y debemos contribuir.




