Yo digo Juanma Trueba

Una cadena en busca de eslabón

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Raúl cumplirá 33 años el próximo 27 de junio. Lo constato para comparar su situación con la de otros ídolos del madridismo. Butragueño, el referente más cercano, jugó su última temporada antes de cumplir los 32. En su caso el adiós estuvo tan influido por la normal decadencia como por la explosión de un talento de 17 años. Ya conocen su nombre: Raúl.

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Ciñéndonos a los delanteros, encontramos que Santillana se retiró a los 35, cuando Butragueño ya emergía como estrella y Hugo Sánchez esperaba para ser presentado. En los 60 las consideraciones físicas no eran tan importantes. Di Stéfano jugó su último partido con casi 38 años (derrota en la final de la Copa de Europa ante el Inter) y su despedida no estuvo a la altura ni de los protagonistas ni de la institución: Muñoz le culpó de la derrota y en el siguiente partido (semifinal de Copa contra el Atlético) no le incluyó en la convocatoria; Bernabéu apoyó al técnico. Gento se retiró a los 37 y Puskas a los 39.

Los ejemplos son caprichosos y poco científicos, pero nos indican que el adiós de los más grandes siempre estuvo provocado por fuerzas irresistibles como la competencia o la edad. La pregunta es inmediata: ¿qué le acucia a Raúl, la edad o la competencia? Irresistiblemente, ninguna de las dos. Ni su cuerpo es tan leve como el del Buitre ni hay nadie que le apriete tanto que zanje el debate. Y algo más. Si el relevo resulta más traumático (y más opinable) es porque no hay un delantero nacional que continúe la cadena que empezó en Di Stéfano: Grosso, Santillana, Butragueño, Raúl... Para eso, precisamente, hubiera servido Villa: para hacer los goles y la transición.

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