El pie de Cristiano y la mariposa
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El tobillo de Cristiano Ronaldo será una simple articulación ligamentosa cuando el cuerpo de Ava Gardner (el incorrupto y cinematográfico) se pueda considerar como la fría conjunción de cabeza, tronco y extremidades. Lo digo para atajar a quienes nos acusarán, tarde o temprano, de hacer filosofía con un pie. Señores, no reduzcan la cuestión. Aquí el pie está al nivel de la pupila azul de Bécquer y de la piel canela del bolero. Es representación de un todo inspirador y, en este caso, goleador.
El fetichismo pedestre es, no obstante, un asunto antiguo. Donde otros no ven más que un manojo de percebes, hay quienes descubren las sinuosas curvas del erotismo. Pero no volaremos tanto en este caso: aquí lo que interesa es el pie con bota y calcetín. El pie que corre y chuta, el metatarso de la folha seca y el empeine que encañona. Cristiano ha vuelto a tocar el balón y donde unos no perciben nada en absoluto otros intuimos el primer aleteo de la mariposa que desencadena el tsunami.



