De Mar del Plata al Sant Jordi

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Dentro de muy poco, el 4 de diciembre, España disputará su quinta final de Copa Davis en la última década. Diez años asombrosos que arrancaron en el 2000, inaugurando en el Palau Sant Jordi su palmarés ganando a Australia, y que está dispuesta a abrochar con un triunfo sobre la República Checa en el mismo escenario. Sería la cuarta Ensaladera gracias a una generación prodigiosa que ha sido dirigida por tres números uno: Juan Carlos Ferrero, el chaval que liquidó a Rafter y Hewitt; Carlos Moyá, que hizo el mismo trabajo con Fish y Roddick en una Sevilla que se volvió loca; y Rafa Nadal, el niño que debutó, precisamente, ante la República Checa en 2004 con sólo 18 añitos y que ha contagiado al equipo de ese ansia ganadora, ese puntito de más, que ha convertido a una buena Selección en un equipo depredador.
Porque depredadora fue la España de Emilio Sánchez Vicario en la encerrona de Mar del Plata. Allí llegó con la baja de Nadal, sin que nadie diera un euro por él y sus chicos, y volvió con Fernando Verdasco y Feliciano López convertidos en los Héroes de Mar del Plata y con una Ensaladera, la primera conseguida fuera, en sus manos.



