Un cerezo en el desierto
Ganó en África (2006) y el primero de Suramérica (09)
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Sucedió en el albor de los tiempos. El toro salió bufando a lo más alto de la montaña y allí se arrodilló, el pastor encontró a su lado una imagen de la Virgen. Se la llevó a casa y al día siguiente volvió a aparecer en el mismo lugar. Así dos días. Al tercero, todos los de Vilaformiu la descubrieron junto a un cerezo en flor, fuera de temporada. Desde entonces la Virgen de Queralt domina su sierra catalana, a 1.200 metros de altura, con su hijo en una mano, leyendo, y una golondrina en la otra, pisando la serpiente. Protege a los suyos, incluso en las peores aventuras.
Desde hace años Marc Coma lleva a su cuello una pequeña figura con la señora de Queralt, es su amuleto para los momentos en los que aparecen los fantasmas del desierto. Una vez pudieron con él, en 2007, cuando le derribaron en mitad de la sabana de Senegal. Un aviso. En el Dakar de las motos vive la muerte y la desgracia, en un territorio donde Marc tiene su hogar y en todas las casas hay un protector en la entrada. En ese mundo hostil, donde tantos héroes quedaron en el camino, el catalán de la eterna sonrisa posee un palacio inexpugnable. Quizá es el mejor. O quizá sea cosa de Queralt, capaz de soñar con un cerezo en el desierto.




