El milagro de ser más con menos

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La plástica del fútbol, el gol, la parada o el regate imposible nos hace buscar en cada partido al crack, el dandy o al duro. Terminamos destacando la individualidad de un deporte que es puramente colectivo. Los mejores ejemplos de ello son quizás los dos próximos rivales que se verán en Riazor: Deportivo y Atlético. Los coruñeses, objetivamente, tienen menos que la pasada temporada tras la marcha de Verdú y Lafita, pero sus resultados indican lo contrario. El éxito está en la defensa, y el éxito de la defensa en la entrega y disciplina del resto de elementos. Aranzubía es un poquito mejor gracias a Lopo, Filipe y compañía; y éstos son a su vez un poquito mejores gracias a Guardado, Juan Rodríguez o Riki. Lotina ha logrado lo que posiblemente separe hoy a Barça y Madrid: un verdadero equipo.
Imaginarse al Atlético es pensar justo en lo contrario. Desde hace tiempo se loa la calidad y clase del Kun, Forlán o Simao, a la vez que señala a su defensa como un cáncer incurable. No creo que uno por uno Asenjo, Perea, Antonio López o Ujfalusi sean tan inferiores a Manuel Pablo, Lopo o Colotto. Simplemente, el Depor es un equipo y el Atleti, no. Ése es el reto de Quique Sánchez Flores. Un ejemplo: en el Calderón desdeñan a Cléber Santana, y si usted le pregunta a Lotina qué haría con él, apuesto a que le respondería como aquel viejo chiste: "Maravillas, Tito, maravillas".



