Una pésima noticia para la Fórmula 1
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La tormenta no escampa. Cayó Honda, cayó BMW... y en cuanto sus compromisos contractuales se lo permitan, caerá Bridgestone. El gigante de los neumáticos se marcha de la Fórmula 1 porque tiene que ahorrar, básicamente, y el festejo de los grandes premios tiene una factura de las que ponen los pelos como escarpias. Mucha tecnología, mucha imagen y mucho glamour, pero si las cuentas no salen lo de las carreras se antoja como un despilfarro difícil de justificar, sobre todo para los de los números de las grandes compañías. Así que la F-1 deberá buscar uno o varios proveedores para ocupar el vacío que los japoneses dejarán a partir de 2011. Y mucho me temo que el relevo no va a ser sencillo, no hay muchas empresas dispuestas a afrontar semejante desafío.
Si Bridgestone estornuda, el resto del sector debe de andar con un catarro de aúpa. Quizá Michelin pudiera ser una alternativa, aunque la marca francesa ya se marchó en su día al mostrarse contrario a la política monomarca: para ellos la competición no tiene sentido sin rivales contra los que, pues eso, precisamente competir. Hay otros grandes nombres del caucho, como Dunlop, Pirelli o GoodYear, pero su coyuntura seguramente no será muy diferente a la que ha llevado a abandonar a los japoneses. Y al margen de cuestiones financieras, tampoco son muchos los que tienen la tecnología necesaria para la élite del automovilismo. Un problema, por tanto, serio para la F-1, porque tampoco se puede rebajar el nivel de exigencia y calidad.




