Yo digo Manuel Franco

Kazán, en el corazón de los tártaros

Manuel Franco
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Cuenta la leyenda que cuando Iván el Terrible invadió la tierra de los tártaros se enamoró de la princesa de Kazán. La rusa desafió al guerrero: se casaría con él si era capaz de construir una torre de siete pisos en una semana. Siete días después la princesa se tiró desde lo alto de la Torre de Soyembika, una de las maravillas de la anciana Kazán. Eso sí, inclinada. Iván era rápido, pero no perfecto. Siglos después, la ciudad antigua del otro Kremlin, Patrimonio de la Humanidad, es visitada por miles de personas. Con su mezquita de mármol blanco y vidrieras verdes. Bellezas de Kazán. Y las mujeres siguen enamorando. Dicen que hay siete por cada varón y el entrenador del Rubin pide a sus chicos un pronto matrimonio. Cada día... No es bueno ser futbolista soltero en el corazón de los tártaros.

La ciudad es una mezcla del nuevo siglo y el antiguo régimen comunista, con bloques de pisos colmenas donde vivían los funcionarios de la URSS y enormes chalets a orillas del Volga con playa artificial donde disfrutan los héroes del Rubin, llena de carreteras sin carriles y hoteles de colorines construidos con el dinero del gas. El miércoles, en el orgullo de los tártaros, el hockey sobre hielo quedará relegado ante la magia del fútbol. En un estadio lleno de musulmanes... y un español en el equipo contrario. Suerte César. Y con el frío helando el alma.

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