El embrujo de las bandas blancas
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Tardamos demasiado en darnos cuenta de que Marcelo no era Roberto Carlos. Nadie podrá volver a ser como él. Menudo chasco. De hecho, gran parte del madridismo continúa esperando a un 3 capaz de jugar al mismo tiempo en dos posiciones: una punta de lanza en ataque y un correcaminos que alcance a todos los extremos rivales en defensa. Algo así le ocurrió ya al Real Madrid en esa misma banda izquierda con la retirada de Gento. Ningún otro extremo zurdo podía igualar su leyenda, y esa misma leyenda iba sepultando a sus sucesores, uno tras uno. A principio de los setenta fueron muchos los futbolistas que fueron cayendo por la maldición del número 11. Hasta que a alguien se le ocurrió un día que lo mejor era romper con el peso de todos los mitos.
Hoy el Real Madrid necesita defensores de garantías en el lateral izquierdo, no carrileros que ofrezcan su espalda en bandeja al rival. Por eso Pellegrini ha asumido como propia la idea de Juande Ramos de que Marcelo ocupe el extremo, sin comprometer a la retaguardia. Y por eso también la banda derecha necesitaba otro retoque: el retorno de Sergio Ramos, ahogado entre subidas y bajadas estériles en tiempos de crisis, al puesto de central. ¿Revolución táctica? Más bien expropiación forzosa: para volver a ser dueño de las bandas quizá sólo había que quitárselas a los laterales para ofrecérselas, por fin, a los atacantes.



