Un empate como mínimo

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El Zaragoza mereció bastante más en su visita al Calderón. Como mínimo un empate. Y no sólo por ese penalti que le paró De Gea a Babic en la primera parte. El equipo de Marcelino, salvo el primer cuarto de hora, produjo más fútbol que un agobiadísimo Atlético, al que le sostuvieron Forlán y sus disparos desde fuera del área, y la clase y el tempranero gol de un gran Jurado, tras un rebote afortunado. Eso y la falta de Antonio López que se comió Carrizo. Muy poquito más. Ante esos méritos rojiblancos, el Zaragoza, que fue siempre a contracorriente, opuso un orden notable, media docena de buenísimas jugadas y un afán continuo por ganar el partido. Su actitud fue impecable. Anoche le faltaron muchas cosas, por supuesto que sí, pero la derrota no le hizo ninguna justicia. El Atlético no fue mejor y nunca dio sensación de serlo, ni con el 2-0.
Y permítanme un apunte de consumo aragonés. Ver pitar a Pérez Burrull un falso penalti a favor del Zaragoza fue todo un acontecimiento. Para no creerlo. La verdad es que Jorge López se dejó caer ante De Gea, aunque, para desgracia del Zaragoza, Babic desperdició ese regalo de forma miserable. Luego, antes de acabar la primera parte, hubo otro derribo clamoroso a Abel Aguilar, pero ahí ya Pérez Burrull, que lleva 13 temporadas crujiendo al Zaragoza, se hizo el sueco. Ese hubiera sido un exceso imperdonable que sólo se permitió cuando el Atlético ya había marcado su segundo gol y Ujfalusi arrolló a Arizmendi. Pero el equipo aragonés no perdió por el árbitro. También hay que decir que, además de los dos penaltis, tuvo tres o cuatro ocasiones claras, especialmente a balón parado, y no acertó con ninguna. Y el fútbol es, sobre todo, acertar.



