Una derrota para la reflexión
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Seguro que Preciado es el primero que dio vueltas al partido de Pamplona, para buscarle alguna explicación a una de las actuaciones más aburridas del Sporting en mucho tiempo. La alineación no gustó. Diego Castro en el banquillo, sin tener ninguna dolencia física, es algo que no cuadra bien dentro de la composición de la plantilla que el técnico tiene a su disposición, aunque estas cosas siempre van en función del resultado. Si el Sporting llega a ganar en el Reyno, tal vez la suplencia del gallego se hubiera considerado como una anécdota. Si llega a ser titular tampoco se habría asegurado un resultado positivo, pero seguro que las opciones hubieran crecido. La pena es que se perdió una gran oportunidad de ganar en el campo de un equipo que no marcó ninguna diferencia, pese a su victoria.
A estas alturas no hay que rasgarse las vestiduras. Cinco puntos tras cinco jornadas es una cifra que no está mal, aunque podía ser mejor. Lo conveniente es tomar nota de lo que se hizo mal en Pamplona y buscar alguna fórmula que permita mantener una situación con un mínimo de tranquilidad. Está claro que el camino elegido en Navarra no fue el adecuado, por lo que abre varios debates, como la suplencia de Diego Castro, el entendimiento entre Bilic y Barral, el puesto de Sastre y Lora o la presencia de los centrales que en Pamplona llamaron de los 79 goles, de forma inadecuada, sobre todo porque a Gerard e Iván Hernández no se les puede reprochar nada del partido del pasado domingo. Lo que está claro es que el equipo no funcionó y quien mejor lo sabe es el míster.




