Yo digo Jose L. Artetxe

Siniestro total, como el Sevilla en la semifinal de Copa

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La temporada acaba de empezar, lo cual ayuda a relativizar lo que pasa en un partido de Liga. Sobre todo si como el último es un accidente, grave sí, de siniestro total, pero accidente. No es normal perder 0-4 en casa y sucedió porque el Athletic cometió de golpe todos los errores imaginables cuando la cita exigía mucho acierto por la entidad del visitante. Accidente fue lo que le pasó al Sevilla en la semifinal de Copa en San Mamés, donde recibió tres goles en media hora, casi lo mismo que esta vez al Athletic. Ni aquello ni esto responde a lo previsible, pero puede ocurrir, ocurre.

El análisis del partido es muy sencillo, el acento se pone con razón en fallos personalizados, concretos y fatales pues costaron los goles y encima en el comienzo, condicionándolo todo. Tres jornadas sin encajar y cuatro goles recibidos en una tarde. Cadencia desconcertante, pero asumible desde el pragmatismo. Lo peor fue que el equipo se descompuso y olvidó cuanto de bueno había hecho antes para ofrecer una mala versión de lo que a menudo ha ofrecido: fútbol sin pausa, directísimo, frontal, que distancia las líneas y lo fía todo al corazón y el azar que se genera alrededor del bombardeo a Llorente. Cierto es que los fallos crearon desconfianza con la pelota y que el recio perfil del Sevilla complica la circulación, pero se echó de menos la convicción, la fe de los jugadores en un modelo que saben que les va y que a la larga es mucho más rentable. Tuvieron la primera parte para intentarlo y eligieron lo otro, darse cabezazos contra una pared. Así les fue.

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