Está en las tres fotos en color

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Nació en Extremadura pero se crió en la meseta toledana (Sonseca). Creció en La Romareda pero se consagró en el Bernabéu. Ganó tres Champions con el Madrid pero fue su verdugo en el año maldito de Queiroz (2004). Igualó con Puskas el récord de cinco goles en un mismo partido, pero esa misma tarde de locura ante Las Palmas erró un penalti que le hubiera encumbrado para los restos en los libros de Historia. Morientes pudo ser un nueve (como su fiel dorsal de compañía) de leyenda, pero siempre hubo un 'pero' que lo dejó sólo en el magnífico rematador del que siempre se esperó un poco más de lo que dio en el campo.
También hay que entender sus razones para que su explosión fuese retardada y silenciosa. El Moro se fue del Madrid al Mónaco porque llegó Ronaldo. Florentino fichaba al mejor delantero del mundo y eso le obligó a coger ese petate que iba cargado de goles y buenas intenciones. Iba bien de cabeza, poseía un físico poderoso, una técnica bastante correcta en un ariete de más de 1,80 y congeniaba con Raúl como si fuesen gatos siameses, pero el capitán no pudo evitar su marcha. El Moro fue un actor secundario en Valencia y por edad puede que ahora lo sea en ese Marsella que ahora se cruza con su Madrid. Pero la gente le respeta y no olvida su hoja de servicios. Fue titular en las tres fotos de la Séptima, la Octava y la Novena. Un lujo del que sólo pueden hablar Roberto Carlos y Raúl. Su huella nunca se borró del todo...



