El alimento que da la honestidad
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No le bastó al Tenerife con una fidelidad absoluta a sus ideales, un partido reluciente, una propuesta atrevida y unas cuantas ocasiones claras para puntuar contra un rival ante el que nadie antes lo hizo. No sumó puntos el equipo de Oltra, que sí obtuvo premios no tangibles, de los que en la clasificación no cuentan: orgullo, autoestima, elogios y reconocimiento del fútbol a este equipo que es diferente. Lejos de instalarse en la cobardía, ayer se creció ante un coloso, lo tuteó y hasta le plantó cara. Es más, bajó la pelota al césped y fabricó fútbol, justo aquello que al Real Madrid se le pide y hasta se le suplica.
Dicho esto, la bipolaridad de la competición merece una reflexión. A los ricos se les permite endeudarse hasta las cejas mientras al Tenerife unos pagos pendientes mucho menores casi le cuestan la desaparición hace unas temporadas. En todo ganan insultantemente los llamados grandes de nuestra Liga: en ingresos por televisión, en inversión y gasto, en taquillas y hasta en favores arbitrales (¿no mereció Drenthe otra tarjeta amarilla?). Se sabía que sólo se les puede superar en ilusión, pero es que ayer también se le ganó al Madrid en fútbol. Lo hizo el Tenerife. Que conste en acta.



