Ferraris contra Seiscientos
Noticias relacionadas
No entiendo mucho de Fórmula Uno, ni creo que entienda nunca. Pero este año me pareció curioso e interesante ver cómo los supuestos pobres de ese circo automovilístico le bailaban a los todopoderosos. Disfruté viendo cómo la mayoría despreciaba esa situación y aseguraba que la competición perdía encanto y nivel. Y es que no vende que ganen los torpes, los feos, los no ricos o los no glamourosos. Por el bien del circo y del espectáculo, es obligatorio que ganen los guapos, los ricos, los glamourosos y, si es posible, que lo hagan arrasando.
Y en ésas estamos en esto del fútbol, un deporte en el que se esta matando a la clase media. Donde los ricos son mucho más ricos y donde, además de serlo, cuentan con todas las ayudas que les hagan falta, ya que sólo interesan ellos y nada los demás. De esta forma, las diferencias son tan grandes que eso que pasó en los coches ya se han preocupado de que no suceda en el deporte del balón. Es como si el año que viene los Ferrari corrieran contra Seiscientos y encima, por si acaso, estos pequeños corrieran cargados con la mujer, los niños y la suegra. Así, más o menos, están las cosas para el resto de escuderías futbolísticas de este país, que asisten impotentes ante tamaña superioridad. Y que, además, tienen que aguantar que encima el que conduce el otro coche es guapo, alto, rico, salta más y mejor, corre más y mejor y, en definitiva, lo hace todo mucho mejor. Así que hoy es el día en el que le toca al Seiscientos amarillo probar suerte y demostrar si este año es posible complicarle la vida al guapo y a su Ferrari.




