A Pellegrini le sale bien todo lo que hace (o casi)
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Pellegrini pisa tierras movedizas con la rotaciones. En Cornellà-El Prat prescindió de Cristiano, Lass y Ra en Zúrich, de Benzema y Granero. El técnico apuesta fuerte, incluso contra el interés general de la política del club. Arriesga sin parpadear en gesto de autoridad que le eleva como auténtico 'jefe' del vestuario. El ritmo de las rotaciones lo marca Pellegrini, sin condicionantes de más arriba o de más abajo, sorteando las embestidas de los críticos que cuando ven las alineaciones se ponen de los nervios. El técnico tiene un plan de racionamiento evidente, relacionado con el desgaste de las piernas de sus jugadores. No atiende sugerencias y de momento le va bien.
También arriesga y gana, hasta la fecha, en la pizarra. El Madrid tiene la pegada de un martillo pilón, pero la resistencia de una mariposa. Es indudable que no fue penalti lo de Casillas, pero el delantero se escapa de una línea defensiva muy adelantada. Esta fatal secuencia es posible que se repita más de una vez por ley del sistema, lo que pone los pelos de punta pensando en qué ocurrirá cuando lleguen rivales mayores. Y otra más: el segundo gol suizo es de los de siempre, balón por alto y gol. Afortunadamente para el Madrid todo lo que viene haciendo Pellegrini termina saliendo bien, o casi bien, pero hay cosas por mejorar. No se trata de oscurecer el recital sensacional de Zúrich, sino de ser reflexivos.



