Lafita no puede hacer otra cosa

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Tal y como estaba cantado, Ángel Lafita no apareció ayer por Abegondo. Lo cierto es que el jugador no podía hacer otra cosa, porque hasta que la LFP falle está en un limbo federativo. El futbolista regresó a Zaragoza (su ciudad natal), sí, pero no se está entrenando con los de Marcelino. Su neutralidad, hasta que las cabezas pensantes de la LFP dicten sentencia, está siendo total porque no podía hacer otra cosa. Venir hoy a A Coruña, por mucho burofax y cláusula que le reclamen, sería echarse encima a la afición de La Romareda. Lo mismo que sería echarse encima a la de Riazor si se entrenase con el Zaragoza, por mucha ficha provisional que le hayan concedido.
Los que sí podían haber hecho otra cosa son los clubes. Agapito, si realmente quería recomprarlo, tuvo un verano de por medio para hacerlo en lugar de esperar al último suspiro del 31 de agosto. Lendoiro, por su parte, es sujeto pasivo de la agresión, pero con las tablas que tiene en esto y la cantidad de triquiñuelas que ha hecho en sus 20 años de presidente, debía haberse cubierto las espaldas con un fichaje. Lotina, que ayer en AS aseguraba que tocaba pasar página y que se había acabado el "llorar" por el caso Lafita, es el gran damnificado si esto acaba, como parece, con el jugador en Aragón. El de Corcubión debe defender ahora hasta el último euro y, si la LFP le deja fichar, podrá hacer otra cosa más: contratar a un sustituto.



