A Puig le pierden las formas
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Conozco bien a Alberto Puig. Aunque hace tiempo que no le trato directamente (la papeleta ahora es de Mela Chércoles, ánimo compañero), pasé a su lado muchas horas en su época de piloto. Así que nadie me tiene que hablar de su carácter, sus fobias y sus manías. Últimamente la ha cogido con los periodistas, a los que siempre ha considerado parásitos de los deportistas, ignorantes de lo que informan y, en el mejor de los casos, un mal necesario. Presume él, sin embargo, de profesional, que lo es, de serio, que también, y casi diría que infalible... que eso ya no. Porque me gustaría saber cómo explica ahora la barrabasada de desmentir ayer en Televisión Española la comparecencia previa de, nada menos, el presidente de HRC, el departamento de carreras de Honda.
Y es que, una vez más, a Puig le pierden las formas. No se puede ir por el mundo con su talante extremista, con esa actitud de estás conmigo o estás contra mí, con tanta arrogancia... Sobre todo cuando te dedicas a una actividad en la que la imagen es parte importante del negocio. Porque no dijo nada que fuera falso, seguro. El acuerdo de Pedrosa con la marca japonesa no está cerrado, pero no se puede salir en la tele desdiciendo al hombre que debe de facilitarte los medios para conseguir un objetivo que resulta más complicado de lo que parecía: el título de MotoGP. Todo esto podría quedar en una anécdota, de no ser porque refleja fielmente la filosofía vital de Puig y, por cercanía, de Dani. Mal asunto, me parece a mí. Aunque Alberto lo verá desde su peculiar perspectiva...




