Manzano deja de ser portavoz
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Gregorio Manzano se ha quitado de encima un peso incalculable. ¿Quién no recuerda aquellas ruedas de prensa de los viernes en la Ciudad Deportiva en las que tenía que responder a cuestiones institucionales? Durante la pasada temporada, las conferencias de prensa de los viernes del técnico se convertían en una cruz para un entrenador que se encontraba entre la espada y la pared y en la mayoría de los casos conociendo de la misa, la mitad.
N o se hablaba del partido, se hablaba de una posible congelación de sueldos, de la espantada del presidente y propietario, Vicente Grande, envuelto en un concurso de acreedores con sus empresas, de si estaba o no tranquilo en el banquillo y de todas las situaciones de incertidumbre que asolaban al club. Además, en muchas ocasiones Manzano no tenía respuestas a las preguntas que se le formulaban porque desde la entidad no se le informaba, pero como nadie salía a dar la cara, él era el único que una vez por semana comparecía ante los medios como portavoz improvisado para hablar de lo que no sabía más que de lo que de verdad le importaba, que era la situación de su equipo.




