La emoción de cualquier verano
Hablo desde mi experiencia, pero creo que la clave del éxito de cualquiera de las selecciones, que este verano hemos regresado a España con una medalla (o dos, en mi caso) guardada en la maleta, es que dentro del equipo somos una familia. Una familia que se reúne todos los veranos con un sueño en común y que, afortunadamente, y viendo cómo se nos están dando las cosas últimamente, regresa a casa con él cumplido. Todavía recuerdo cuando llegué a mi primera concentración. No conocía a nadie, pero en mi situación estábamos las doce. Lo bueno es que esa timidez inicial pronto desaparece y da paso a una experiencia nueva. Como la que viviré ahora.
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Me toca hacer las maletas para jugar un año en la Liga universitaria americana. Será una gran oportunidad para conocer cómo se vive el baloncesto en otros lugares y mejorar mi inglés. Aunque la emoción que ha supuesto el oro europeo y esa plata inesperada en Tailandia, sé que no la volveré a vivir hasta el año que viene, cuando la Sub-20 me llame. Y es que hay emociones que sólo las vives una vez al año.
Leo Rodríguez ha sido oro con la Sub-18 y plata en el Mundial Sub-19.



