Salgado y su década prodigiosa

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Su emoción fue compartida ayer por miles de madridistas. Que levante la mano el que no derramó una lágrima, exterior o interiormente, cuando vio por televisión la conferencia de prensa de Michel Salgado en la que afrontó la decisión más dura para un futbolista de élite: abandonar el Real Madrid. Este gallego corajudo y noblote se va por la puerta grande, firmando una década prodigiosa en la defensa de ese escudo que sigue besando con pasión como este año en el Camp Nou antes del clásico. Esa es la imagen que hay que mostrar a los chavales en Valdebebas para que sepan lo que es ser del Madrid. Un tipo que con 33 años ha ganado todo (dos Champions, una Intercontinental, cuatro Ligas) podría ir de sobrado. Pero no. De niño era del Celta, pero a base de sacrificio y orgullo ha aprendido a querer este club en el que se ha hecho hombre y futbolista a la vez.
Il Due, además, ha dejado claro que no es necesario ser un tallo como Kaltz (¿se acuerdan de aquel alemán que subía la banda como un demonio?) o un volcán desatado como Alves para ser lateral derecho. Salgado reivindicó la figura del especialista hecho a base de esfuerzo y afán de superación. Jamás olvidaré su partidazo de Salerno ni su pase imposible de París a Morientes, que abrió el camino de la Octava. El gallego siempre fue honrado con el Bernabéu y con sus compañeros. Con Raúl formaba el núcleo duro que servía de ejemplo para el grupo. Ellos son el Madrid. Gracias, Michel. Hasta siempre jabato.



