Roma 09: el trabajo bien hecho
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Por delante del medallero sobre Holanda, sobre Francia, sobre Canadá... Con más medallas que Italia y Gran Bretaña, sólo una menos que Alemania... Unos Mundiales de natación para soñar. Pero en el deporte de alta competición no hay trucos. Es, simplemente, el resultado de un trabajo bien hecho. Vamos por partes. La sincronizada es como la marcha en el atletismo: lo que funciona no lo toques. Y Anna Tarrés goza de mando en plaza. Como asegura medallas, exagerando un poquito, tiene cuanto pide. La continuidad de Gemma Mengual hace, además, mejores a las componentes del equipo y aquí tenemos un filón. Sobre todo en Mundiales, donde en disputa hay siete medallas por dos en los Juegos Olímpicos.
Seguimos con el waterpolo: es como el 1.500 de nuestro atletismo. Siempre estaremos ahí. Y esta vez hemos vuelto a lo grande. Aunque se escapara el oro. La sorpresa ha venido de la natación. A Lissavetzky le ha preocupado siempre su bajo nivel y no ha escatimado medios para que saliera a flote. Cuando el año pasado cambió de director general, acertó con Albert Soler. Éste proviene del deporte catalán, cuna de la natación, y manejó unas claves que se pusieron en práctica aprovechando el cambio de presidente en la Federación. Los nadadores tenían que tener a los mejores entrenadores, y Muñoz viajó a Francia y Wildeboer, a Dinamarca. El problema es ahora Mireia Belmonte. Su entorno no le deja crecer.




