Raúl se cuela entre los focos de Cristiano y de Benzema
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La gradual suplencia de Raúl, propósito que parecía acometer el nuevo entrenador, podría quedar aplazada sin fecha. El capitán fue el único de los delanteros que se acomodó a un partido desangelado y consiguió el gol que pudo ser de la victoria y resultó de la salvación. El dilema que plantea la inmortalidad de Raúl es considerable. Para empezar, ataca las esperanzas del animoso Higuaín, que se vuelve a sentir como el recambio de una pieza irrompible. Ocupado el lugar del argentino, Raúl viste el número de Cristiano y marca los goles de Benzema. Es decir, que engulle el proyecto. La prueba fehaciente llegó cuando fueron sustituidos el portugués y el galo, mientras Raúl permanecía en el campo, con méritos, no lo niego, pero inalterable hasta en los amistosos. Si a su influencia deportiva añadimos el ascendente de Raúl sobre el vestuario se hace difícil que el equipo cambie de aire, si es que tal cosa se pretende.
No ofreció mayores conclusiones el ataque. Cristiano comenzó por la izquierda y se sintió mejor al regresar a la derecha. Aunque no estuvo brillante en todo el partido, en cuanto abandonó una banda la dejó huérfana. Le faltaron pases en profundidad que explotaran su velocidad y en general echó en falta ritmo de juego, los espacios que abren las buenas triangulaciones. También Benzema se ahoga en ese bochorno. Necesita que el balón fluya para encontrar espacios. Igual que Cristiano, necesita a Kaká. El resto lo asume. Controla, si procede, y dispara siempre. Sin preguntar. Anoche sólo se saltó el guión para asistir a Raúl. El capitán pisó de espaldas, se zafó del defensa y chutó a la media vuelta, con la pierna derecha, porque no hay remilgos cuando la supervivencia está en juego. Consumado el gol, Benzema corrió a abrazarlo, lo que indica admiración por el veterano, reverencia, tal vez. La situación es conocida y delicada, según se mire. Raúl no se arruga jamás y con los años se ha especializado en los partidos espesos, que son los cotidianos. O el Madrid empieza a jugar muy bien y muy rápido o el capitán se consolidará en el once como en las últimas 15 temporadas. No aviso de un problema, sino de una realidad. El jefe no cede ni un metro ni un gol.



