Phelps es el napalm de Bowman
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Bob Bowman, de Carolina del Sur, es un hombre peculiar, introvertido. Es el entrenador y guía espiritual de Michael Phelps. Probablemente, Bowman ocupa junto a Phelps la figura del padre divorciado que abandonó el hogar de Baltimore y a mamá Debbie. En los Juegos de Pekín 2008, el papel de Bowman junto a Phelps era como el del memorable Coronel Kilgore (Robert Duvall) junto al Capitán Willard (Martin Sheen) en el Apocalypse Now de Coppola. "Amo el olor a napalm en la mañana, huele a victoria", insiste a Sheen el grandioso Duvall. Bowman vigilaba tan paranoicamente la botella de fluidos de la que Phelps bebía en Pekín como Kilgore cuida la lancha patrullera de Willard, alzada por un helicóptero Huey a través del Delta del Mekong.
Phelps no da un paso sin Bowman: ese señor de gafitas que va en casi todas las fotos junto a la gran estrella. Cara a cara, Bowman es cortés. Tiene una cuadra de purasangres. Pero marca distancias. Si afinas, esa cortesía huele a napalm. A Kilgore le fascinaba surfear bajo los pepinazos del vietcong. Pero hacía cualquier barbaridad por Willard y su misión. El 15 de agosto de 2008, Bowman sermoneó a Michael Phelps para que cruzara por debajo de 24 segundos los primeros 50 del 100 mariposa. Phelps pasó en 24.04 y sólo ganó ese oro por una uña y por el descuido del explosivo Cavic. Phelps ganó a Cavic, pudo con Mark Spitz y Willard llegó hasta el Coronel Kurtz. No lo hubieran conseguido sin Bowman y sin Kilgore.




