Bosnia, Real Betis, Lopera
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En el verano del año 2000, quien suscribe viajó cierta vez a Sarajevo, Bosnia. Nada más pisar el asfalto del aeropuerto, ecos de explosiones nada lejanas descendían desde el Monte Igman. Los recién llegados a Bosnia nos miramos: olor a pólvora. Pero el personal que ya llevaba allí meses nos devolvió la calma con rapidez: "Es que aquí se pasan el día haciendo estallar minas. A veces hay hasta disparos de subfusil en los límites de la República Srpska. Tranquilidad". En fin
Esto vemos ahora en torno al Betis: Sarajevo al pie de Igman. Casi no pasa día sin que estallen minas o se oiga tableteo de fusilería. Los estampidos de ayer se sitúan en la web del Compostela y la reclamación burocrática contra el Xerez y en las decisiones judiciales surgidas del despacho de Mercedes Ayala sobre los ingresos de los abonos y la venta de Bruno. Lo que se detectaba en los altos cargos del Betis ante la noticia sobre el Xerez era una sorpresa extraordinaria, casi estupefacción: a menos que sean actores privilegiados. A los autos de Mercedes Alaya ya llevan tiempo acostumbrándose: como la gente de Sarajevo se acostumbró a las descargas de metralla y al crecimiento del cementerio junto al Estadio Olímpico. A las hto al Estadio Olímpico. A las horas de estos autos, Lopera, con su seguridad habitual, rezaba una oración en la Macarena a la Virgen de la Esperanza y daba limosnas a menesterosos, junto a los restos del General Queipo de Llano. Bosnia en 2000, Sevilla en 1936, Real Betis Balompié en 2009.




