Medallas con incertidumbre
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En un día de buenos triunfos, también ganamos tres medallas en los Europeos Sub-23 de atletismo. Es una cifra aceptable teniendo en cuenta las dos de la última edición, aunque queda lejos de las diez ganadas en 2001. No obstante, el número de medallas tampoco suele ser proporcional al número de atletas que luego salen adelante en la categoría absoluta. En aquella edición de 2001, por ejemplo, de los diez medallistas que hubo sólo dos, Juanma Molina y Mercedes Chilla, volvieron a subir a un podio en los grandes campeonatos al aire libre; en 1997, en cambio, hubo menos medallistas, seis, pero después los éxitos de cuatro de ellos, Paquillo, Reyes Estévez, Marta Domínguez y María Vasco, tuvieron continuidad en la más alta competición.
En las categorías menores del atletismo se rentabiliza más la calidad que la cantidad, porque son muchos los atletas que se acaban quedando por el camino. No obstante, en esta categoría sub-23 el margen de error es menor, porque los atletas están más formados. De esta manera, los medallistas sub-23 suelen tener asegurado un puesto en los futuros grandes campeonatos, aunque subir a podios mayores será cuestión aparte. Algunos notables nuestros aún están en ello y todavía no lo han conseguido, casos de Ruth Beitia, Natalia Rodríguez o Arturo Casado. O se es un talento, como lo fue Reyes Estévez, o de lo contrario aguarda toda una vida de esfuerzo y dedicación para intentar llegar a ser alguien en el atletismo.




