Un portento llamado Gavaldá
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Hasta el domingo, medallas en los Mundiales juveniles de atletismo no habíamos ganado muchas, sólo cuatro, pero nos daban idea de que estábamos aplicando buenos métodos con los chavales, pues se conseguían en especialidades muy técnicas: altura, pértiga y martillo. De los cuatro medallistas, Berta Castells ha llegado a la élite aunque alejada de las medallas; los otros tres aún son jóvenes para valorarlos. Es un correcto balance que viene a corroborar que los entrenadores aciertan con la técnica que aplican a los jóvenes. El lugar que años después ocupe cada uno dependerá del desarrollo físico, el talento natural, la capacidad de trabajo y la ambición. Y, de repente, ¡zas! aparece una fuerza de la naturaleza llamada Alberto Gavaldá, de Zaragoza.
Que un español o, para más señas, un atleta blanco gane una medalla en una carrera de velocidad se puede considerar un hecho extraordinario. La velocidad es algo innato en ciertas razas gracias a un sistema nervioso privilegiado que permite correr rápido sin crisparse, condición imprescindible para alcanzar la más alta velocidad. Ahora abriremos pronósticos de hasta dónde podrá llegar Gavaldá, pero tampoco es la primera vez que da la sorpresa. Hace cinco meses ganó los 200 metros de los Campeonatos de España absolutos. Yo soy optimista: estamos ante un portento; además, cuanto más se entrena, más disfruta. Ahora bien: con 16 años corre en 21:28 segundos; cuando Bolt ganó su Mundial juvenil en 2003 lo hizo en 20:40.




