Lorenzo, pasta de campeones
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Tengo un amigo que sufrió un accidente de tráfico de cierta entidad pero de consecuencias poco importantes. Un buen susto, pero sin consecuencias físicas. Sin embargo, tardó un par de semanas en volver a conducir y otras más en sentirse de nuevo cómodo al volante. Me acordé de él cuando el sábado por la noche vi a Jorge Lorenzo rodando por los suelos antes de conseguir la pole en Laguna Seca para volver a caerse de nuevo. Parece fácil, pero no lo es. Quien se haya caído sabe que te llevas, cuando menos, un susto de muerte, el corazón parece salírsete del pecho y lo que menos te apetece es volver a subirte en una moto durante una buena temporada.
Sin embargo, los pilotos de competición están hechos de una pasta especial. Jorge se dio un guantazo considerable, pero ni se paró a pensarlo. Volvió a subirse en su Yamaha para intentar asegurar el primer puesto en la parrilla. Sin miedos, sin consideraciones, sin reflexiones Lo curioso del caso es que estos chicos han conseguido que gestas de este estilo parezcan corrientes, cuando son extraordinarios. Ayer saltó a la pista para intentar defender sus opciones en el Mundial. Lo de menos fue su resultado; lo valioso es la actitud con la que los pilotos afrontan un desafío de esta entidad.




