Una curva que da sentido a una carrera
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Me encanta California. Su clima, sus paisajes, sus ciudades, sus gentes... Allí tienes la sensación de que el estilo de vida 'Made in USA' es mucho más que una fantasía de las películas de Hollywood, que realmente el estado del bienestar (ése ahora parece tambalearse con esta crisis terrible) es una realidad de la que se puede llegar a disfrutar con plenitud. Lo único malo que encontraba allí es que las carreras de motos no les gustan demasiado, pero bueno, no iban a ser perfectos... Por eso el GP de Estados Unidos no deja de ser un acontecimiento menor en el país. La afluencia de aficionados al circuito de Laguna Seca es insignificante comparada con otros grandes eventos deportivos, incluyendo del motor, y el seguimiento de aficionados, prensa y televisión resulta muy inferior al que estamos acostumbrados en Europa. Vamos, que sus grandes campeones del mundo son casi personajes anónimos en relación a la admiración que despiertan en otros muchos lugares del planeta.
Sin embargo, lo que Laguna Seca tiene es una curva única e irrepetible, que da sentido por sí misma a la existencia de su gran premio: el 'Sacacorchos'. Cada año, cuando llega esta cita del Mundial, es inevitable que este doble viraje en bajada se convierta en protagonista de conversaciones de bar, crónicas de periódicos y comentarios de todo tipo. Cuando me preguntan por una de las curvas más famosas de la temporada, empiezo a intentar explicar cómo es... hasta que llego al punto en que me faltan las palabras y acabó con la misma conclusión: hay que verla. Lo malo del caso es que no vale con hacerlo en la tele, porque entonces seguiremos sin ser capaces de valorar la magnitud del duelo que supone para los pilotos. La clave es estar allí, al pie de ese tobogán de asfalto y preguntarse, una y mil veces, cómo alguien en su sano juicio puede tirarse a fondo desde allí rumbo a lo desconocido. Como viajar hasta Monterey no es fácil ni barato, Mela Chércoles seguirá intentando con sus crónicas explicarles todo la fascinación de esa curva diabólica, mientras que yo insistiré con el mismo argumento recurrente: hay que ir a verla...




