Yo digo Iñako Díaz- Guerra

Un aislado toque de distinción

Iñako Díaz-Guerra
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Resulta curioso que un club que en lo fundamental, lo deportivo, sigue anclado en los tristes amateurismos de toda la vida, se haya convertido en un ejemplo a seguir en el mundo del márketing deportivo. Todo empezó en el momento más difícil, nada más descender a Segunda y con la afición sumida en una profunda depresión. Un día, las marquesinas de Madrid aparecieron decoradas con Kiko surgiendo del fuego y un lema que se convertiría en clásico: Un añito en el infierno. La campaña, tan agresiva como la política de precios que la acompañaba, fue un éxito y el Atleti subió de 23.000 a 42.000 abonados. Total, era sólo un año...

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Pero no lo fue. Y Emilio Gutiérrez, director de Márketing y Comunicación rojiblanco, volvió a recurrir a Sra. Rushmore para ver si la inspiración le duraba y resultó que se había multiplicado. Papá, ¿por qué somos del Atleti? dio lugar a que hicieran chistes malos los que no entienden nada que no sea material. Pero yo, como tantos otros, me limité a mirarme con mi padre y sonreír, cómplices y orgullosos. Luego llegaron el Mono Burgos gritando nuestra vuelta, ancianos incorruptibles, mares vengativos y árboles sobrenaturales, milicianos, inmigrantes y pastores, premios a mansalva y estudios sobre la imagen de marca del Atleti en las universidades más prestigiosas del mundo.

De golpe, gracias a sus campañas, el Atleti era un símbolo de modernidad. Por desgracia, el resto del club no ha estado a la altura. Este año, la crisis nos va a privar del ansiado spot. Se entiende. Lástima que sí haya dinero para que Pitarch pueda pagar a su amigo Fonseca por dos chicos que no tienen ni culpa ni currículum. Y eso no hay anuncio que lo justifique.

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