Assen, un escenario especial
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En mi etapa de enviado especial de AS al Mundial de motociclismo (una década inolvidable), me sentía feliz cada vez que tenía que viajar a Holanda. A Assen ya le había salido un serio competidor en cuanto a ambiente y trascendencia con Jerez, pero para mí el Dutch TT tenía un elemento diferenciador de peso específico: su pista. Sí, la asistencia de público llegado de toda Europa, la fiesta en las calles del pueblo, las gradas a reventar eran todos impresionantes, pero con lo que yo más disfrutaba era viendo a los mejores pilotos del planeta retándose por el triunfo en un trazado excepcional. Sin apenas desniveles (y, por tanto, con muy pocas referencias), rapidísimo y de un dibujo técnico hecho a medida para los motoristas más finos pero también para los más valientes.
A base de remodelaciones ha perdido parte de su encanto. Ahora me parece corto y han desaparecido zonas que también eran parte de su personalidad. Pese a todo, me sigue fascinando. Quizá sea de las muchas veces que he escuchado a nuestro campeonísimo Nieto alabando su virtudes, explicando con pasión todo lo que exige la pista a los pilotos y cómo él era capaz de descubrir sus secretos con una insuperable eficacia. Curva tras curva, enlazadas y rápidas, sin tiempo para el descanso, sin margen para el error Sólo los escogidos dominan esa línea de asfalto concebida para llevar al límite las posibilidades de hombres y máquinas. Por eso, aunque ya desde la distancia, cada año sigo esperando con impaciencia la llegada de un circuito donde los españoles volvieron a brillar.




