Un mediador que imponga la cordura
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Tengo la impresión de que hoy sí que puede ser una jornada decisiva para el futuro de la Fórmula 1. Se reune el Consejo Mundial de la FIA con un punto esencial en su orden del día: intentar desbloquear la ya dramática pugna que mantienen con los equipos y que puede desembocar en el fin de los grandes premios tal y como los conocemos. Sin embargo, Max Mosley ya ha dicho que no se irá e incluso que se plantea presentarse a la reelección, así que mal vamos. Y el Consejo Mundial tampoco le echará, porque el de sus miembros es un voto cautivo, impotente para poner en entredicho la autoridad de un presidente que ya fue capaz de sobrevivir, hace tan sólo unos meses, a un escándalo de dimensiones planetarias. Así que ahora no será diferente...
Si Mosley sigue al mando de las operaciones, las amenazas de la FOTA se concretarán y el campeonato paralelo caminará hacia su fundación. Sin embargo, existe una alternativa a medio camino entre los intereses de las partes y que no es otra que la creación de la figura de un mediador. El presidente podría seguir así en su poltrona y sería un nuevo interlocutor, nombrado por el propio Consejo, el encargado de negociar con los equipos para evitar la catástrofe. La FOTA no recibiría en una bandeja de plata la cabeza de Mosley, pero al menos sí se quitaría de en medio el principal de sus quebraderos de cabeza. Porque si Max ni se va ni se aparta, la impresión generalizada es que la ruptura será ya un hecho irreversible. Y entonces podemos echarnos a temblar.




