Este Brasil no enamora
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Será porque Dunga nunca fue un virtuoso, será porque los tiempos exigen otro fútbol, pero 'su' Brasil está más cerca de la vulgaridad que de la magia histórica de la 'canarinha'. La raíz del desencanto tiene nombres propios: Gilberto Silva, Felipe Melo, Ramires, Miranda, Lucio... Futbolistas de brocha gorda, trabajadores a destajo, peleones de escuela europea sin más arte ni gloria distinguida. Brasil sólo se parece a Brasil en Kaká, en la potencia del lateral Maicon y en alguna virguería de Robinho si su limitado estado físico se lo permite. No busquen Zicos, Sócrates, Ronaldinhos, Romarios o Garrinchas, y de Pelés ya ni comentamos.
Brasil juega plano, con exasperante lentitud y defrauda cuando recurre al contragolpe como fórmula de victoria. Peor aún: su mejor recurrente para hacer gol son las faltas, ya sean directas o buscando remate con la altura de sus gigantones. Es imposible enamorarse del fútbol de la 'canarinha', ausente de ingenio y fantasía, previsible como cualquier selección corriente, programada para ganar en acciones puntuales. De Brasil se espera más y Dunga no debería conformarse con resolver expedientes confiado en el tirón de Kaká. Cuanto más se analiza a Brasil más admirable y valioso es el fútbol de toque de nuestra España.



