Tolerancia cero es la del Tour
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El deseo del Tour de dejar fuera de la carrera a los ciclistas sospechosos parece realmente un exceso. Comenzamos a movernos en unos terrenos legales muy escurridizos. Aquí mantenemos hasta los últimos extremos la confidencialidad del nombre de quien haya dado positivo, mientras la Unión Ciclista Internacional (UCI) se dispone a dar los nombres de aquellos ciclistas que han superado, no ya los límites prohibidos, sino los valores que se consideran normales. Habría que hacer una consideración: estamos hablando de ciclismo, donde sigue habiendo un positivo día sí día no y donde siguen produciéndose confesiones aterradoras, cuyos protagonistas no hablan, además, de una acción individual sino de un hecho generalizado.
El paso que va a dar la UCI es algo que, en voz baja, se considera necesario. Porque, y vamos a hablar claro, en el mismo laboratorio de Madrid están hartos de ver cómo decenas y decenas de muestras, por no decir cientos, se declaran negativas cuando rozan la legalidad. Pasa en Madrid, en París, en Lausana, y donde haya un laboratorio que realice los controles a la UCI. Para eso se creó el pasaporte biológico, para vigilar la normalidad que roza los límites por los cuales no hay evidencia de dopaje, pero sí indicio; por ello el Tour quiere declarar públicamente anormal la teórica normalidad. Quizá se pase con las medidas anunciadas, pero la tolerancia cero es con todas las consecuencias. Hasta la de poner en peligro su carrera.




