Pardeza es 'uno de los nuestros'
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Era el 31 de diciembre de 1983, en el Bernabéu. En aquellos años se jugaba el día de Nochevieja. En el banquillo del Real Madrid, Alfredo di Stéfano. El rival, el Espanyol. Debutó con 18 años Miguel Pardeza, el único de la Quinta no nacido en Madrid, sino en Palma del Condado. Ganaron los blancos 1-0, con gol de Juanito. Una escena de aroma madridista por los cuatro costados. Pero hubo más: el chaval abandonó el estadio aferrado a su camiseta blanca, aún sudada, y en un Seat127 rojo lloró emocionado camino de la vieja Pensión de la Plaza de Jacinto Benavente, donde los canteranos del Madrid dormían entre goteras, soñando con la gloria. Aquel día Pardeza comió las doce uvas muy lejos de su familia, pero feliz.
Han pasado 25 años y medio. Pardeza dio muchas vueltas. Incluso vistió la camiseta del Puebla de México antes de volcar su sabiduría futbolística en Zaragoza. Pero siempre fue 'uno de los nuestros'. A su manera templada, científica, lírica, pero no menos apasionada, ha llevado la escuela de Di Stéfano, de la Quinta y de Juanito en su sangre con orgullo y alarde. Ahora vuelve al Madrid en una acertada idea de Valdano, que recluta perspicacia y madridismo para los despachos. Pardeza tiene que encontrar su sitio en el organigrama y proyectar sus conceptos futbolísticos con la coherencia que siempre le distinguió. El compañero de juveniles que conducía aquel 127 te desea suerte e inspiración.



