Veranos, giras y amistosos
Noticias relacionadas
Sin más preámbulo me declaro incondicional de los torneos de verano y de las giras ultramarinas. Me gustan los partidos que sirven para presentar fichajes y estrenar vestuario. Me cautiva el ambiente festivo y caluroso, y si el partido se ofrece de madrugada por jugarse en algún país americano, el asunto me seduce todavía más. Desde el Mundial de México asocio los encuentros nocturnos con buenos ratos frente al televisor, las luces apagadas y las ventanas abiertas, seguidor fiel mientras los demás duermen. No veo cómo los largos viajes en primera clase y el incómodo cambio horario (sensación que se puede simular con un bebé) tienen el poder de trastocar una temporada entera. Pero supongo, no lo niego, que estoy condicionado por mi querencia noctámbula.
El Madrid volverá a Estados Unidos y lo celebro. También me agrada su periplo nacional. El equipo estrenará adornos en su camiseta (ribetes, chorreras) y renegaré, como siempre, de los diseñadores de ropa deportiva. Pero, una vez más, será divertido y parte del verano. Sólo quedará que los futbolistas comprendan que, sin puntos en liza, en cada partido se pone en juego mucho prestigio. Bernabéu, que también fue pionero del márketing, ofrecía una prima por amistosos ganados que engordaba en función de los goles conseguidos, tres, cuatro, siete. De esa forma, el Real Madrid extendía por el mundo su fama de equipo invencible y fabuloso, al tiempo que ingresaba jugosos beneficios. Y nadie, que se sepa, se quejaba del jet-lag, quizá porque todos tenían bebés.



