Y la afición no estaba en la despedida
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La relación afición-equipo en Mallorca es algo tan peculiar que merecería un estudio. He visto a la afición volcada y desesperada ante un posible descenso en una última jornada y me ha parecido ejemplar. La he visto desplazarse en miles camino de un título en Valencia, Birmingham o Elche y la he visto persiguiendo más de un ascenso y su compromiso fue excelente. La he visto reír, presumir, llorar y desesperarse; aplaudir, ovacionar, pitar y abroncar y hasta les he visto indolentes y desinteresados. Y esto último es lo que no entiendo.
El sábado los jugadores saltaron a Son Moix luciendo una camiseta que decía: "Gracias Afición". Pero la afición no estaba. Menos de media entrada fue a despedir la temporada con un equipo que en la segunda vuelta se clasificó segundo entre el Madrid y el Barcelona, sumado 37 puntos e igualando la segunda mejor marca en el historial bermellón. Si le pedimos eso al equipo, cuando el equipo lo da, no entiendo que no se le valore. Tampoco entiendo que el Mallorca no organizara un acto de despedida para incitar a los aficionados a ir a Son Moix. Dar la espalda en los momentos malos tiene cierta explicación, pero en los buenos, no.




