Salamanca, Mérida, Málaga...

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Científicamente comprobado. Aunque suene a perogrullada, una gran racha de victorias consecutivas es casi sinónimo de ascenso. Empero, estar muchos partidos seguidos sin ganar equivale a fracaso seguro. Ejemplos hay muchos. El Málaga ascendió gracias a que comenzó la Liga ganando siete partidos seguidos. Mejor arranque histórico. Aquello le permitió, en primer lugar, coger confianza y finalmente 'vivir del cuento' cuando el equipo se desplomó físicamente. El Mérida de Sergio Kresic subió en la 96-97 gracias a que ganó nueve partidos seguidos. Otros casos como Alavés, Valladolid, Celta o Cádiz pueden dar fe de lo beneficioso que es acumular triunfos seguidos tanto a corto como a largo plazo. ¡No falla nunca!
El caso contrario también existe. ¡Y cuán doloroso es! El Xerez de Lucas Alcaraz acabó una primera vuelta siendo líder y se quedó con la miel en los labios por culpa de una racha nefasta de once partidos sin ganar; la misma que chafó acceder a la División de honor en 2000 al Salamanca de García Remón. El Sporting de Marcelino sufrió también hace sólo cuatro temporadas un nefasto final. Siete jornadas sin ganar. ¡Adiós Primera! Moraleja. Es imposible que este Xerez del Boquerón Esteban no juegue el año que viene en la Liga de los Ases. ¡Ni aunque pierda los cinco partidos que aún faltan! Ha sabido amalgamar la regularidad de una temporada imponente con la fortuna de una gran racha. Siete victorias consecutivas. Una racha de Primera.



