Mereció la pena el sufrimiento
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Hubo que sufrir otro domingo, pero ayer mereció la pena, porque el Sporting ganó, aunque el gol del triunfo lo anotó un rival. Desde el inicio se vio qué equipo era el que tenía más en juego. Para los rojiblancos, los tres puntos significaban agarrarse a la permanencia. El Málaga sembró más desconcierto por la fama de la zaga rojiblanca que por sus méritos. Si exceptuamos el gol de Weligton, poco más. El Sporting sufre en el juego aéreo, pero ayer dieron la talla Gerard e Iván Hernández, en un equipo motivado por un gran entrenador.
En el primer tiempo, el Sporting fue superior. Perdió iniciativa con el empate, pero con el autogol de Helder recuperó su estima. El pundonor, el buen posicionamiento y la anticipación permitieron amarrar un triunfo necesario. Pudo y debió ser más amplia. Diego Castro la tuvo en sus botas, pero no le salió. El nerviosismo ofusca a veces las mentes. Es comprensible cuando uno se juega tanto. Pero, pese a todo, siempre tuve confianza en que el partido acabara con el triunfo gijonés, por sus méritos. El Málaga estuvo demasiado pendiente de la excelente calidad de Duda para mandar el balón a la olla y esperar algún error de los zagueros rojiblancos. Esta vez no se produjo.




