Nadal, ganador implacable
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Hay partidos, como el de ayer, en que si Nadal pierde no pasa nada. Él ya había dicho que el torneo no le venía bien, tenía machacada la pierna, Djokovic estaba jugando su mejor encuentro, la entrada ya estaba más que amortizada después de cuatro horas de juego, Nadal había superado hasta tres bolas de partido, una de ellas incluso tras haber fallado su primer servicio, y al fin y al cabo tampoco se trataba de la final. Pues ni con esas. Ganó, porque Nadal es un ganador implacable. Ni cuando está todo perdido se entrega. Todo lo contrario. Es cuando juega mejor. Arriesga al límite y gana. En eso es genial. No me extraña que Federer acabara llorando en Australia. A Djokovic ayer también estuvieron a punto de saltársele las lágrimas.
Lo de Djokovic es peor que lo de Federer, porque éste tuvo la suerte de no coincidir durante cinco años con Nadal. Djokovic, en cambio, es de la misma generación que Nadal y sabe que está condenado a enfrentarse a él una y otra vez con un resultado fácil de imaginar. Ya son muchas las decepciones que se ha llevado. Hace dos años fue en la final de Indian Wells, el año pasado en la de Queen's, éste en las de Monte Carlo y Roma. Ahora el palo fue ayer en las semifinales de Madrid, como el año pasado en las de los Juegos Olímpicos, Roland Garros y Hamburgo, y el anterior en las de Wimbledon y otra vez Roland Garros. Djokovic tiene razones para desesperarse. Mala suerte. Lo que para nosotros es pasión, para los demás es sufrimiento.




