El extraño caso de Federer
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Roger Federer, candidato a ser el mejor tenista de todos los tiempos hasta que llegó Nadal, es un cóctel que agrupa a John Lennon con John McEnroe y la pericia de un relojero artesano de La Chaux de Fonds, en Suiza. Federer se parece a Lennon y McEnroe en que las mujeres y la genialidad condicionaron sus vidas. Volviendo como un calcetín a Lennon, Ono destruyó a The Beatles. Y, bajo el neón de Hollywood, Tatum O'Neal sugirió a Johnny Mac, genio de volea felina, que el tenis no era lo más importante.
Mirka Vavrinec, Mirka Federer, es como Yoko y Tatum con Lennon y Mac: una bomba de relojería bajo el tenis artesanal de Federer. Federer, el de los golpes asombrosos, carece de entrenador real desde que dejó a Roche, en 2007. No importa. Federer no gana. No importa: como a Lennon dejó de importarle McCartney. Nadal es una furia y zarandea a Federer: y hubo un día en el que, gracias a Tatum, tampoco McEnroe se cuidaba del terrible, metódico asalto de Iván Lendl: "No es tan malo ser número dos", dijo Johnny Mac en 1985. 'Let It Be', Déjalo Estar, fue la despedida de The Beatles. 'Let It Be', parece decirse Federer.¿Le pasará a Nadal?




