La noche en la que le vimos volar

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La última noche con Emilio fue la despedida de una generación de amigos que crecimos y nos hicimos hombres juntos a sus paradas mágicas en el área, sus fintas imposibles, sus amagos versallescos, sus sutiles remates a la red... Fran El Chato, Toñín El Largo, Rafa Corredera El Almanaques, Pipo Agustín, Nacho (un tipo que llamaba Raúl a Valdano, luego fue profeta), Javi El Médico, Chule, Juanele y Miguelín pasamos doce años inolvidables (1983-1995), juntos en esa 'gradona' de pie del lateral del Bernabéu que da a la calle Padre Damián. Allí vivimos eufóricos todas las remontadas europeas, la explosión de la Quinta del Buitre, su ocaso y su adiós, que fue el nuestro. Tras ese homenaje con la Roma nos despedimos, como los músicos del Titanic...
Esa noche, el Buitre levitó y todos con él. El estadio hervía de tanta emoción indisimulada. Cada pase del genio de Narváez era jaleado como si fuese su debut mágico en el Carranza. Dio dos goles, pero todos queríamos más. Que marcase por última vez. Corría el minuto 89. Nos mordíamos las uñas. El momento no llegaba. ¡Y llegó! Penalti claro sobre Alfonso y el Buitre que pide la pelota, esa amiga a la que fue fiel durante tantos años... La encaró, la puso junto al palo y el portero italiano de nombre impronunciable, Lorieri, la tocó. ¡No, por Dios! Pero entró, entró. Casi nos lo comemos por osado. Luego apagaron las luces, sus compañeros levantaron al mito y le vimos volar hacia el cielo del Bernabéu. Él se llevó nuestros corazones...



