Funcionó la arenga de Guus a Cech
Noticias relacionadas
Peter Cech, falto de confianza, necesitaba un partido así. De camino al hotel donde el Chelsea descansó en Barcelona, Guus Hiddink tuvo una charla con él. No suele hacerlo el preparador holandés, prefiere hablar al conjunto, individualizando lo mínimo, pero descubrió muy pronto el virus que roe la moral del portero. Cech es el típico futbolista que juega el partido veinte veces. Repite en su cabeza las jugadas (los errores, principalmente) hasta la extenuación, hasta quedar dormido, normalmente frustrado porque no existe el partido perfecto.
A la mañana siguiente, al que más se le nota el resultado es al portero, sobre todo si es una derrota o un empate a muchos goles como ha ocurrido varias veces últimamente. Es excesivamente exigente y pierde la confianza con rapidez. Hiddink le quiso tranquilizar, pero también advertir de lo que venía. Ya había decidido que, a pesar de sus palabras en la previa, iba a jugar con cinco centrocampistas. Se iba a dejar atacar, a hacerse equipo pequeño y necesitaba del portero más que nunca. Al acabar el partido Hiddink volvió a desmarcarse para acompañar a Cech hasta el vestuario. El brazo que le puso en el hombro toda la semana había surtido efecto.




