Los rallys están de capa caída

Los rallys están de capa caída

Este fin de semana se produce una circunstancia poco frecuente a lo largo de la temporada: la coincidencia de un gran premio de Fórmula 1, otro de motociclismo y un rally del Mundial. Los aficionados al deporte del motor tienen ante sí unos días ajetreaditos, cargados de emociones y, quién sabe, quizá sorpresas. Sin embargo, el patito feo de esta 'cohabitación' son los rallys. Mucha gente me pregunta por la evolución del Renault de Alonso, otros tanto por la recuperación de Pedrosa... y, sin embargo, casi nadie tiene en mente si Loeb continuará con su hegemonía o siquiera si Dani Sordo podrá plantar batalla a su compañero de Citroën.

Por supuesto que mi percepción no tiene ningún valor estadístico, pero creo que quienes sigan con cierto detalle el desarrollo de las disciplinas de motor coincidirán en mis apreciaciones. Es evidente que hay muchos y entendidos aficionados a los rallys, un colectivo dispuesto a casi todo para disfrutar de una competición a pie de tramo. Pero yo no me refiero a ellos. Lo que los rallys han perdido es el seguimiento masivo del gran público, todos aquéllos que suman audiencias millonarias en las transmisiones televisivas y hablan en los bares del difusor de BrawnGP o de la suspensión de la carrera de MotoGP en Qatar. Algo que ocurría con los rallys cuando Sainz ganaba y todos lo veíamos por la tele. Eso ya es historia, entre otras cosas porque hay pocos pilotos... y además siempre gana el mismo. Mal asunto en los tiempos que corren.